¿Por qué una metodología para la gestión de proyectos?

El objetivo es ser capaces de estandarizar, estructurar y organizar la manera de trabajar

Durante los últimos años cada vez es más habitual el uso de metodologías para la gestión de proyectos, desde las más tradicionales, como PMP o Prince 2, hasta las llamadas metodologías ágiles, como SCRUM, Kanban, DSDM o Extreme Programming.

La certificación en alguna de estas metodologías de gestión resulta un valor añadido tanto a nivel individual como a nivel de empresa, y se ha convertido, incluso, en un criterio de decisión a la hora de trabajar con determinados clientes.

¿Por qué son necesarias las metodologías de gestión de proyectos? ¿Qué beneficios puede aportar trabajar en base a sus recomendaciones?

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El objetivo general de la metodología de gestión de proyectos es ser capaces de estandarizar, estructurar y organizar la manera de trabajar. Así se ayuda a enfocar todos los proyectos de la misma forma y nos permite ser capaces de repetir los éxitos y aprender de los errores, por lo que hay un proceso de mejora continua. Es decir, una metodología es una gran herramienta para generar eficiencia a medida que se va utilizando.

El uso de una metodología en la gestión de un proyecto persigue unos beneficios específicos:

  • Organizar los tiempos de proyecto
  • Proporcionar herramientas para estimar de forma correcta tiempos y costes
  • Ayudar a gestionar y minimizar los riesgos del proyecto
  • Mejorar la relación entre coste y beneficio de los recursos
  • Desarrollar las habilidades del equipo

Desde el punto de vista de los recursos, contar con una metodología ayuda a acortar la curva de aprendizaje del equipo, y a medida que se utiliza en proyectos, se pule y transforma según el estilo personal de la compañía. Con un enfoque adaptado y homogéneo se reduce el riesgo de implementación y se obtiene una mejora en el trabajo.

Un factor decisivo al aplicar metodologías de gestión es que no todas sirven para cualquier proyecto, por lo que es fundamental conocer los puntos fuertes de cada una de ellas para saber aplicarlos en el momento que sea necesario. En esta tabla podemos comparar los rasgos que distinguen a las metodologías tradicionales de las más ágiles:

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Las diferentes metodologías no dejan de ser un marco de referencia que se adapta mejor a unos casos que a otros. Lo realmente importante es dotar a la persona y la compañía del método de trabajo que mejor se adapte al proyecto para conseguir la máxima eficiencia y los logros esperados.

Montserrat Gil
montserrat.gil@nae.es

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