Cómo medir la madurez digital de las empresas

El indicador de madurez digital (IMD) mide capacidades y resultados de una organización ante el reto de la transformación

Pensar en digital significa ser consciente de que tus clientes, tus productos, tu operativa y tus competidores son digitales o están en proceso de serlo. Las empresas, por lo tanto, tienen la necesidad de integrarse en un ecosistema dinámico en el que para seguir siendo competitivas deben aplicar el pensamiento digital a todos sus procesos, tanto internos como externos.

Las compañías están asumiendo el desafío de la transformación digital con mayor o menor acierto, en función del conocimiento y la capacidad que tengan para llevarla a cabo. En algunos sectores el cambio se está produciendo con tal rapidez que ha significado una alteración de los modelos de negocio. Cisco apunta que cuatro de cada diez compañías por sector se verán desplazadas por la disrupción digital.

En este proceso de transformación es fundamental que las empresas sepan dónde se encuentran, y dónde deberían estar, para alinear su estrategia con las tendencias del sector y del mercado.

En Nae pensamos que es muy importante poder evaluar y medir el grado de madurez digital de una compañía, realizando el análisis a través de un diagnóstico a dos niveles:

Resultados: ¿cuál es mi grado de digitalización?

Uno de los aspectos clave de las compañías digitales es la creación de una experiencia digital diferencial para sus clientes, por lo que conviene estudiar cómo nos relacionamos con ellos y qué posibilidades de mejora podemos aplicar. Es muy relevante analizar qué se está haciendo fuera, pero también dentro de la organización, en el ámbito de la operativa: procesos, partners, personas, proyectos…

Capacidades: ¿disponemos de las capacidades para digitalizarnos? ¿Las utilizamos? 

La digitalización también ha traído consigo nuevos conceptos y nuevas formas de trabajar. Entre estas se encuentran el customer journey, la omnicanalidad, la agilidad, el crowdsourcing, la ludificación, etc. Por otro lado, hay un conjunto de tecnologías que facilitan la transformación digital, entre las que destacan, por ejemplo, las llamadas SMAC: social, mobile, analytics y cloud. Es clave conocer sus usos y aplicaciones para luego determinar cómo se quieren utilizar.

A partir de la formulación de preguntas que evalúan los diferentes ámbitos a estudio, de acuerdo con el contexto digital del momento, obtenemos el indicador de madurez digital (IMD). Este ejercicio permite realizar un diagnóstico digital de una organización o de un grupo empresarial. El resultado, combinado con un análisis externo del contexto de la compañía, permite identificar los elementos clave para definir la estrategia de digitalización de una compañía o para definir cómo combinarla con el resto de objetivos estratégicos.

Ocurre a menudo que las compañías no disponen de un conocimiento completo de todo el espectro digital, por lo que el indicador de madurez digital también sirve para profundizar en los conceptos, tecnologías y aplicaciones que la empresa debe incorporar a su operativa y a su relación con el cliente.

El indicador es fundamental en la primera fase del ciclo de vida de la transformación digital: la exploración del nuevo entorno. Saber dónde se encuentra la compañía y qué capacidades se poseen y necesitan, contribuirá a definir una estrategia de éxito. El indicador permite definir objetivos e iniciativas y medir cómo se avanza en la digitalización de la compañía.

Ricard Bou

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Nae trabaja con operadores de telecomunicaciones, grandes empresas y administraciones públicas para anticipar los retos de crecimiento y transformación del mercado, mejorando su estrategia de negocio y eficiencia operativa. Con sedes en Barcelona, Madrid, Bogotá y Ciudad de México, el equipo de Nae está formado por más de 200 profesionales.